Un artista sublime como Leonardo da Vinci se dirige a un público capaz de mirar más allá de lo evidente,aunque su obra puede conmover a personas de cualquier época, cultura o nivel de formación.
Su público no se define tanto por su posición social como por su sensibilidad, su curiosidad y su disposicióna descubrir lo que hay detrás de una imagen.
Podríamos distinguir cuatro tipos de público:
El público sensible: aquel que experimenta emoción ante la belleza, la expresión humana y el misterio.
El público intelectual: el que busca comprender las ideas, los símbolos, la anatomía, la perspectiva ylas preguntas que plantea la obra.
El público contemplativo: aquel que se detiene a observar y descubre nuevos detalles con el tiempo.
El público universal: cualquier persona capaz de encontrar en el arte una conexión con su propiaexperiencia humana, incluso sin conocimientos artísticos.
¿Y cuál sería su público ideal?
Quizá aquel que no se limita a preguntar «¿qué estoy viendo?», sino que también se pregunta «¿qué merevela esto sobre el ser humano, la naturaleza y la existencia?».
La grandeza de un artista como Leonardo reside, en parte, en que su obra puede ofrecer distintos niveles delectura: una persona puede admirar su belleza, otra estudiar su técnica y otra encontrar en ella unapregunta filosófica.
En definitiva, un artista sublime no necesariamente crea para una élite, sino para una capacidad humana: la de percibir, sentir, pensar y descubrir. Su obra puede ser accesible a todos, aunque no todosla interpreten de la misma manera.
Y hay una distinción interesante: una cosa es el público al que un artista se dirige y otra el público capazde comprender todas las dimensiones de su obra. No tienen por qué coincidir.
